Historia de la devoción
El hombre siempre tiene necesidad de la ayuda de la Divina Misericordia, pero sobre todo cuando a causa de su propia iniquidad, insensatez e inconstancia, cae en la más profunda miseria, como ha sucedido con frecuencia antiguamente y como sucede de manera particular en nuestros tiempos. En tales situaciones peligrosas, Dios mismo viene en ayuda «en el tiempo oportuno» (Sal. 31,6) de la humanidad que ha caído en el error.
Y ahora en estos turbulentos tiempos actuales, llenos de perversidad y apostasía, de desgracias y sufrimiento, el Señor viene a recordarnos que sólo acudiendo a Él obtendremos la paz y el bienestar. «Buscad primero el Reino de Dios… ¡Todo lo demás se os dará por añadidura!»(Mt. 6, 33).
El mensaje de la Divina Misericordia que el Señor nos da a través de Santa Faustina, es una llamada a la Conversión y a la Confianza. Dios es Padre de infinita ternura que nos espera siempre con los brazos abiertos, y está dispuesto a perdonar aun a los más grandes pecadores.
La devoción y la Fiesta de la Divina Misericordia están haciendo descender del cielo una lluvia de gracias para el mundo entero.
«Oh Dios, que con una sola palabra habrías podido salvar miles de mundos, un suspiro de Jesús habría satisfecho tu justicia. Pero tú, oh Jesús, te entregaste por nosotros a tan dolorosa pasión únicamente por amor. La justicia de tu Padre habría sido expiada con un solo suspiro tuyo y todos tus anonadamientos son exclusivamente actos de tu misericordia y de tu amor inconcebible. Tú, oh Señor partiendo de esta tierra deseaste quedarte con nosotros y te dejaste a ti mismo en el Sacramento del Altar y nos abriste de par en par tu misericordia. No hay miseria que te pueda agotar; llamaste a todos a esta fuente de amor. Aquí está el trono de tu misericordia, aquí el remedio para nuestras enfermedades. Hacia ti, oh Fuente viva de Misericordia corren todas las almas: unas como ciervos, sedientos de tu amor, otras para lavar la herida de sus pecados; otras, cansadas de la vida, para tomar fuerzas. Cuando estabas muriendo en la cruz, en aquel momento nos donaste la vida eterna; al haber permitido abrir tu sacratísimo costado nos abriste la inagotable Fuente de tu Misericordia; nos ofreciste lo más valioso que tenías, es decir, la Sangre y el Agua de tu Corazón. He aquí la omnipotencia de tu misericordia, de ella toda gracia fluye hacia nosotros.» (Diario de Sor Faustina).
Principio y Desarrollo de la Devoción a la Divina Misericordia
Esta devoción empezó a propagarse en Polonia pocos años antes de la segunda guerra mundial, pero en forma más bien limitada. Se presentó por primera vez al gran público cuando en 1935 la nueva imagen de Jesús Misericordioso fue expuesta en Wilna, en Ostra Brama, para la solemne clausura del Año Jubilar del XIX Centenario de la Redención del Género Humano. Predicaba sobre la Divina Misericordia, durante el Jubileo, el abate Sopocko, confesor de Sor M. Faustina, exhortando al pueblo a recurrir a la Misericordia de Dios con toda confianza.
Después siguió un período de silencio; pero muy pronto la devoción volvió a reanimarse con la publicación de un librito impreso en Cracovia en 1937, el cual tenía estampada la imagen de Jesús Misericordioso, con la novena, la Coronilla de la Misericordia Divina y las letanías propias; todo lo cual obtuvo un éxito maravilloso, de tal manera que con dicho librito, provisto de la autorización del Ordinario, la devoción empezó a propagarse.
Entonces vivía aún Sor M. Faustina, quien tuvo el gozo de ver que la devoción a la Divina Misericordia conmovía los corazones. Empero, un éxito mayor se obtuvo después de su muerte, o sea en 1938, y más particularmente después del anuncio de la guerra de 1939, que ella había predicho detalladamente, y que dentro de poco realmente, con crueldad diabólica, había de sumergir a muchas naciones en el abismo de la desolación. Fue entonces cuando millares de hombres buscaron su refugio en la devoción a la Divina Misericordia, y experimentaron refugio y salvación, constatando así, por propia experiencia, la gran verdad de las palabras dichas por Jesús Misericordioso:
«La humanidad no hallará paz hasta que se vuelva con fe a mi Divina Misericordia». Diario de Santa Faustina
Entonces la imagen de Jesús Misericordioso, encuadrada en magníficos marcos, fue expuesta en las iglesias más concurridas, a donde acudieron los fieles a implorar perdón y a ser preservados de las calamidades de aquellos aciagos días; muchos exvotos atestiguan aún las numerosas gracias obtenidas entonces milagrosamente.
Invitación y Promesas
Jesús conoce bien la miseria de cada alma; conoce la gran miseria de la humanidad entera. Sabe que sin el recurso a la Divina Misericordia, ni cada una de las almas ni la humanidad entera podrían curarse de males. Y su Corazón está lleno de esta Misericordia, hasta el punto de sufrir los más sensibles tormentos cuando no puede verter su caudal sobre los corazones humanos, porque los hombres no se vuelven hacía Él y ni siquiera quieren recibirlo. Por este motivo Jesús nos dirige las siguientes quejas e invitaciones por medio de Sor Faustina:
«Hija mía, las llamas de la Misericordia me abrasan… Quisiera verterlas sobre las almas humanas… ¡Grande es el dolor que me aflige cuando ellas no quieren recibirlas…! Hija mía, diles que Yo soy el Amor y la Misericordia… Empléate con todas tus fuerzas en la difusión del` culto a mi Misericordia. Yo supliré lo que te falta para el feliz éxito de la obra… ¡Habla al mundo de mi Misericordia, a fin de que toda la humanidad conozca su inmensa grandeza! Esta es mi señal para los últimos tiempos, después vendrá el día de mi justicia… Mientras tienen tiempo, que los hombres acudan a la fuente de mi Misericordia. ¡Que el pecador no tenga temor de acercarse a Mí! Deseo que los sacerdotes proclamen la grandeza de mi Misericordia hacia las almas pecadoras…».
He ahí solamente algunas de las muchas invitaciones que encontramos en el Diario de Sor Faustina. En él leemos también preciosas promesas hechas por Jesús a los devotos de su Misericordia.
«La humanidad no encontrará la paz hasta que se vuelva con confianza a mi misericordia»
«Di a la humanidad doliente que se refugie en mi Corazón misericordioso y yo la inundaré de paz…» Diario Santa Faustina
La devoción a Jesús Misericordioso hace gran hincapié en la Misericordia de ese Corazón y en la Confianza:
«La falta de confianza lastima mis entrañas…» «Yo deseo la confianza de mis criaturas. Estimula a las almas a poner gran confianza en mi insondable Misericordia. Que las almas débiles y pecadoras no teman acercarse a mí».Diario Santa Faustina
También insiste en el deseo ardiente de Jesús de que adoremos e imploremos asiduamente la Misericordia de su corazón:
«Las llamas de la Misericordia me abrasan.»Diario Santa Faustina
La devoción a Jesús Misericordioso, más que en su parte afectiva, se manifiesta, sobre todo, en su parte efectiva… Del mismo modo que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús lleva a la imitación de sus virtudes, así también en la Devoción a Jesús Misericordioso somos atraídos a imitarle en su misericordia hacia el prójimo. Misericordia que se concreta en el perdón de las injurias, en la ayuda prestada a toda clase de indigentes (pecadores, ignorantes, pobres, enfermos, etc.).
Además merecemos también que se realicen en nosotros las promesas hechas por Jesucristo en el Evangelio, cuando dice: «Bienaventurados los misericordiosos; bienaventurados los pacíficos…». Y si es verdad que nosotros mismos tenemos mucho que satisfacer por nuestros pecados, estos actos de misericordia que hiciéremos nos alcanzarían completo perdón de nuestras culpas, como manifiesta el Apóstol Santiago: «La caridad cubre la multitud de los pecados…».


